2019. AÑO NAZARENO. Encuentro 1990.
El lugar donde los pasos procesionales alcanzan su máxima expresión es en el desfile procesional o en la estación de penitencia. Es su lugar natural. Partir del templo, del altar, lugar de reunión de la comunidad cristiana, para, después de procesionar por la calle, retornar otra vez al templo, al altar. Del santuario al santuario tras recorrer un camino en común. En la procesión, como en la vida, procesionamos y vivimos con otras personas. Somos, en los dos caminos, ayuda para otros. Además, lo hacemos en un orden, de tal modo que todos y cada uno de los cofrades somos necesarios e imprescindibles para el perfecto desarrollo del acto procesional. Por otro lado, procesionamos ante una sociedad que nos ve. Formamos parte de esos tres ríos que ya se han nombrado anteriormente que forman la dinámica de la procesión y, por extensión, de la vida. Lo importante es el paso, la figura, el río principal. Los cofrades serían el segundo río que acompañan y alumbran al paso...