FLAGELACIÓN-MARISTAS. VÍSPERAS El Martes Santo se despliega en la memoria como un umbral de ritos compartidos, una jornada de vísperas donde el tiempo parece suspenderse entre la nostalgia de la adolescencia y el rigor de la madurez cofrade. En aquellos años de juventud y banda, el destino estaba marcado por la llamada de Santa Teresita; allí, el ya sabías que el refugio se hallaba en la torre, en el último piso, por razones que solo el hermetismo de los cofrades antiguos alcanza a comprender, guardando el secreto como un tesoro generacional. Era este el día consagrado al montaje del paso, una liturgia de esfuerzo y precisión. Tras abandonar la disciplina de la banda, la jornada se centraba en el Nazareno, propiciando el primer encuentro de la hermandad de portadores. Entre los muros de la capilla de San Pablo, donde antaño la imagen descansaba sobre una peana que complicaba sobremanera las tareas de alzado, se sucedían los saludos parcos y el reconocimiento de los nuevos rostr...