¿HASTA 2027?
Concluye el ciclo de la Semana Santa de 2026, cuya andadura
comenzó en octubre del pretérito año 2025, tras la finalización de las fiestas
locales de San Mateo. Únicamente las inminentes solemnidades del Corpus Christi
y la ofrenda floral a San Bernabé —ambas encuadradas en la primera quincena del
presente mes de junio— rubricarán el término definitivo, salvo error u omisión,
de la actividad cofrade en la ciudad de Logroño.
Al evocar el éxito alcanzado en esta edición de 2026, resulta
inevitable rememorar aquella máxima pronunciada por un devoto anónimo en
Linares: «La Semana Santa pertenece a los cofrades». No obstante, tal
como se ha argumentado en crónicas precedentes, la celebración adolece de una
progresiva pérdida de su esencia popular en favor de una creciente
institucionalización. Al hilo del II Congreso Internacional de Hermandades y
Religiosidad Popular, celebrado en Sevilla en diciembre de 2024, el catedrático
Isidoro Moreno señalaba con agudeza que, bajo el rótulo de «congreso», se
camuflaba en realidad un curso intensivo de adoctrinamiento eclesial para los
cofrades. Un fenómeno que reverbera en nuestras latitudes, donde la instrucción
—ya sea teológica, artística, cultural o antropológica, siempre perentoria—
destaca por su flagrante ausencia y, a tenor de los indicios, continuará
omitida. Se puede decir que «la Semana Santa es de los cofrades... y cada
vez es menos cofrade y más institucional».
Por otra parte, es de justicia refrendar el esplendor
cosechado este año. Sin embargo, la incertidumbre radica en si este hito
constituirá un fenómeno efímero o logrará consolidarse en el tiempo. Dado que
la próxima Semana Santa se celebrará en marzo, lo previsible será afrontar la
rigurosidad meteorológica propia de la fecha, caracterizada por el frío e
incluso por la contingencia de lluvia o nieve. Ante este escenario, cabe
cuestionarse: ¿está el ámbito cofrade logroñés facultado para convivir con la adversidad
climatológica? ¿Se ha diseñado alguna alternativa viable a las procesiones en
la vía pública?
Si rememoramos los aciagos periodos de 2020, sin Semana Santa
debido al confinamiento y, de manera fidedigna, 2021, se constató que las
restricciones espaciales propiciaron una atmósfera que congregó a una ingente
cantidad de ciudadanos en los templos. Es sabido que, por razones heterogéneas,
la Semana Santa concita en las iglesias a una concurrencia masiva, no
necesariamente motivada por la fe o la adscripción cofrade.
Se manifiesta así la dualidad del espacio intra muros
ecclesiae. Durante estas fechas, la centralidad litúrgica bascula del altar
mayor al Monumento y, una vez concluidos los oficios, emerge una dimensión
donde lo sagrado y lo secular coexisten. Los pasos procesionales se exponen en
las naves del templo, integrándose en una dinámica donde la devoción, la
expectación social y el comercio, conviven en perfecta armonía, en consonancia
con las tesis del antropólogo Alonso Ponga.
En suma, solo el devenir de los acontecimientos refrendará o
desmentirá estas reflexiones. Desde estas líneas, les deseo un estupendo verano.
Nos reencontraremos, a la vuelta de las vacaciones.

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