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  VIERNES SANTO. DÍA GRANDE La llegada del Viernes Santo evoca inevitablemente la figura de mi abuelo y aquella máxima que nos repetía: «Hoy no se puede cantar, que se ha muerto el Señor» . Paradójicamente, eran nuestros tambores, timbales y cornetas los que «cantaban» después, escoltando al Nazareno durante el Santo Entierro. En mis primeros años, el ritual comenzaba al mediodía con el Traslado. Aquellos tres pasos custodiados en Palacio se encaminaban hacia La Redonda, donde aguardarían en la Capilla de los Ángeles la procesión vespertina. Contemplar la capilla en aquel momento traía a la memoria la ocurrencia de un amigo madrileño: «Parece el metro en hora punta» . Y no le faltaba razón. Soledad, Sepulcro, Magdalena, Ánimas, Descendimiento, Piedad y Oración; todos congregados en un espacio que, asombrosamente, los lograba albergar. Desfile sobrio, integrado únicamente por cofrades, donde destacaba la imponente entrada del Cristo de las Ánimas, siempre de cara al pueblo que l...
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  JUEVES SANTO  DE LAS SIETE PALABRAS AL SIGLO XXI Desde 1966, el Jueves Santo en Logroño se hallaba indisolublemente ligado a la presencia de los Escolapios. En aquel entonces, la cofradía de las Siete Palabras protagonizaba la jornada de forma exclusiva; inicialmente, portando un crucificado de la capilla colegial y, a partir de 1970, procesionando la egregia talla de Vicente Ochoa, que recibe culto en la sede de dicha institución educativa. Resultaba singular el hecho de que esta fuera la única hermandad que no se integraba en la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro. Era un día de obligada concurrencia, atraída especialmente por su banda de tambores, cuya excelencia era entonces incontestable en la ciudad. La jornada invitaba al periplo por los templos que custodiaban los pasos. Era preceptivo acudir a la Concatedral de La Redonda, concretamente a la Capilla de los Ángeles, donde aguardaba ya dispuesta la Virgen de la Soledad —distinta de la Dolorosa—, ataviada co...
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  MIÉRCOLES SANTO. EL ENCUENTRO El Miércoles Santo en Logroño tiene un nombre propio: El Encuentro . Más que una procesión, es el latido de una cofradía que, desde hace 85 años, convierte la calle Santiago en un escenario de devoción y asombro. Uno de los protagonistas, quizá el más importante, es Él ; con mayúsculas; el Nazareno; pero no uno cualquiera; no; el único; el de Logroño, el guabiado por Alejandro Narvaiza. Una talla postconciliar que rompe moldes: su mano izquierda, imagen del cartel de este 2026, es la mano de un trabajador. Su mirada, profunda y severa, que taladra. parece escuchar a Unamuno, mientras cruza la ciudad, recordando que bajo el capuz no hay individuos; es una única cofradía unida en torno a Él. Nos encontramos ante lo que podemos considerar el rito del silencio y el esfuerzo; antes de la gloria, existe la intimidad. En la capilla del Cristo Románico, los portadores rezan un último Padrenuestro, tras recibir las últimas instrucciones del Cabo de Vara...
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  FLAGELACIÓN-MARISTAS. VÍSPERAS El Martes Santo se despliega en la memoria como un umbral de ritos compartidos, una jornada de vísperas donde el tiempo parece suspenderse entre la nostalgia de la adolescencia y el rigor de la madurez cofrade. En aquellos años de juventud y banda, el destino estaba marcado por la llamada de Santa Teresita; allí, el ya sabías que el refugio se hallaba en la torre, en el último piso, por razones que solo el hermetismo de los cofrades antiguos alcanza a comprender, guardando el secreto como un tesoro generacional. Era este el día consagrado al montaje del paso, una liturgia de esfuerzo y precisión. Tras abandonar la disciplina de la banda, la jornada se centraba en el Nazareno, propiciando el primer encuentro de la hermandad de portadores. Entre los muros de la capilla de San Pablo, donde antaño la imagen descansaba sobre una peana que complicaba sobremanera las tareas de alzado, se sucedían los saludos parcos y el reconocimiento de los nuevos rostr...
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  Lunes Santo en Logroño. Del Pregón Institucional a la Procesión de la Oración. El Lunes Santo ha pasado de ser una jornada puramente dialéctica y académica, a convertirse en un día de intensa actividad procesional, reflejando las tensiones y corrientes estéticas que han moldeado la Semana Santa de la capital riojana en las últimas décadas. Tradicionalmente, el Lunes Santo era el marco del Pregón de la Semana Santa, celebrado en la iglesia de Santiago el Real. Este acto, organizado por la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro, solía integrar elementos líricos y dramáticos, como autos sacramentales o representaciones teatrales (destacando en su momento la obra Siglo I y Siglo XX del Grupo Talía). Ya se hablará del Pórtico de la Semana Santa, actividad organizada durante unas décadas en Logroño por la Sección Femenina. El año 1984 marcó un punto de inflexión y cierta controversia cofrade. La Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, en un ejercicio de audacia institu...
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  Domingo de Ramos: La Procesión de «La Entrada» La festividad del Domingo de Ramos constituye, para el cofrade logroñés, el umbral de la memoria colectiva. Representa el rito de iniciación —a menudo desde la temprana infancia— en una Semana Santa que ha sabido transformar el entusiasmo pueril en un compromiso adulto y devocional. Tradicionalmente, la procesión de la Entrada de Jesús en Jerusalén ha funcionado como el primer vínculo entre el niño y la cofradía. En las décadas de los 70 y 80, la participación en este desfile marcaba el inicio de una trayectoria que culminaba, con la madurez, en las procesiones del Encuentro o el Santo Entierro. Aquel periodo se caracterizaba por una geografía itinerante. La incertidumbre meteorológica se sumaba a la curiosidad de descubrir la ciudad a través del hábito, partiendo cada año de diferentes centros escolares. Eran tiempos de paradas litúrgicas en la Concatedral de La Redonda para asistir a la Eucaristía, antes de reemprender la marcha ...
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       Viernes de Dolor en Logroño El año 1981 La evolución de la Semana Santa logroñesa durante la transición de los años 70 a los 80 estuvo marcada por la crisis y el posterior intento de revitalización de una de sus tradiciones más arraigadas: la Procesión de los Siete Dolores de María. Hacia 1980, tras un análisis exhaustivo de la procesión, se constató que la misma, saliente de la parroquia de Santiago el Real, se encontraba en una situación crítica. A pesar ser una tradición decimonónica, la participación de fieles era escasa y el interés cofrade prácticamente nulo. Entre 1977 y 1980, se intentó dinamizar el acto mediante la incorporación de secciones instrumentales, contando con la colaboración de las bandas de la Cofradía de Jesús Nazareno, entonces con sección de viento, y de la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro (germen de la futura banda de la Entrada de Jesús en Jerusalén). Ambas agrupaciones compartían entonces lugar de ensayo, en el antigu...