VIERNES SANTO. DÍA GRANDE La llegada del Viernes Santo evoca inevitablemente la figura de mi abuelo y aquella máxima que nos repetía: «Hoy no se puede cantar, que se ha muerto el Señor» . Paradójicamente, eran nuestros tambores, timbales y cornetas los que «cantaban» después, escoltando al Nazareno durante el Santo Entierro. En mis primeros años, el ritual comenzaba al mediodía con el Traslado. Aquellos tres pasos custodiados en Palacio se encaminaban hacia La Redonda, donde aguardarían en la Capilla de los Ángeles la procesión vespertina. Contemplar la capilla en aquel momento traía a la memoria la ocurrencia de un amigo madrileño: «Parece el metro en hora punta» . Y no le faltaba razón. Soledad, Sepulcro, Magdalena, Ánimas, Descendimiento, Piedad y Oración; todos congregados en un espacio que, asombrosamente, los lograba albergar. Desfile sobrio, integrado únicamente por cofrades, donde destacaba la imponente entrada del Cristo de las Ánimas, siempre de cara al pueblo que l...