DOMINGO DE RESURRECCIÓN. DE LA ILUSIÓN A…

El 3 de abril de 1985 supuso un punto de inflexión en el epílogo de la Pasión logroñesa. Por vez primera, la imagen de un Cristo Resucitado recorría las calles de la capital riojana, inaugurando un itinerario que marcaría la idiosincrasia de esta procesión. Partiendo desde el Colegio de la Compañía de María, el cortejo cruzaba el histórico Puente de Piedra para adentrarse en el Cementerio Municipal; allí, tras la celebración de la Eucaristía, se emprendía el camino de retorno. Aquel trayecto, de apenas mil cien metros, se antojaba sin embargo extenso y solemne bajo el sol de Pascua.

En rigor, no procesionaba una imagen concebida originalmente como Resucitado, sino la talla del Sagrado Corazón que custodiaba la capilla del centro educativo. Revestido con túnica alba ante una sobria cruz de madera, y entronizado sobre las andas blancas de "La Entrada", este simulacro —salido de los insignes Talleres Granda de Madrid en 1941 para reemplazar a la talla perdida en los luctuosos sucesos de 1936— se convirtió en el epicentro de cada mañana de Resurrección.

Los albores de esta iniciativa no estuvieron exentos de adversidades; más bien, se enfrentaron a un horizonte hostil. La Hermandad de la época, renuente a la evolución, dio la espalda a cualquier atisbo de innovación en una Semana Santa entonces anquilosada. No obstante, la cofradía nazarena no dudó en sumarse a este proyecto que buscaba, en última instancia, dinamizar y actualizar el sentimiento pasional de Logroño.

Con el devenir de los años, el conjunto iconográfico se vio enriquecido: se sustituyeron las andas originales por unas de caoba con cartelas de plata y cuatro faroles de orfebrería en las esquinas. Asimismo, la cruz fue renovada con cantoneras y una placa con la inscripción INRI de plata, mientras que la imagen fue dotada de potencias, con su túnica blanca y luciendo siempre un sudario níveo que pende del madero.

Este 2026 parece señalar el fin de un ciclo. El signo de los tiempos, las nuevas exigencias iconográficas y las normativas actuales han precipitado un relevo histórico. Se prevé que este otoño recale en la ciudad el nuevo Cristo Resucitado, gubiado por el maestro Manuel Martín Nieto. Esta obra presidirá el altar mayor de la nueva sede de la Hermandad de Cofradías, en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, y realizará su primera salida procesional, Dios mediante, el 28 de marzo de 2027.

Esta incorporación constituye el primer hito hacia el anhelado "Encuentro Glorioso". El proyecto se completará, en un futuro aún incierto, con las imágenes de María, la Magdalena y San Juan. ¿Llegarán a materializarse? Es una incógnita que solo el tiempo y la devoción podrán despejar.

 

 

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