DOMINGO DE RESURRECCIÓN. DE LA
ILUSIÓN A…
El 3 de abril de 1985 supuso un punto de inflexión en el
epílogo de la Pasión logroñesa. Por vez primera, la imagen de un Cristo
Resucitado recorría las calles de la capital riojana, inaugurando un itinerario
que marcaría la idiosincrasia de esta procesión. Partiendo desde el Colegio de
la Compañía de María, el cortejo cruzaba el histórico Puente de Piedra para
adentrarse en el Cementerio Municipal; allí, tras la celebración de la
Eucaristía, se emprendía el camino de retorno. Aquel trayecto, de apenas mil
cien metros, se antojaba sin embargo extenso y solemne bajo el sol de Pascua.
Los albores de esta iniciativa no estuvieron exentos de
adversidades; más bien, se enfrentaron a un horizonte hostil. La Hermandad de
la época, renuente a la evolución, dio la espalda a cualquier atisbo de
innovación en una Semana Santa entonces anquilosada. No obstante, la cofradía
nazarena no dudó en sumarse a este proyecto que buscaba, en última instancia,
dinamizar y actualizar el sentimiento pasional de Logroño.
Con el devenir de los años, el conjunto iconográfico se vio
enriquecido: se sustituyeron las andas originales por unas de caoba con
cartelas de plata y cuatro faroles de orfebrería en las esquinas. Asimismo, la
cruz fue renovada con cantoneras y una placa con la inscripción INRI de plata,
mientras que la imagen fue dotada de potencias, con su túnica blanca y luciendo
siempre un sudario níveo que pende del madero.
Esta incorporación constituye el primer hito hacia el
anhelado "Encuentro Glorioso". El proyecto se completará, en un
futuro aún incierto, con las imágenes de María, la Magdalena y San Juan.
¿Llegarán a materializarse? Es una incógnita que solo el tiempo y la devoción
podrán despejar.


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