Viernes
de Dolor en Logroño
El año 1981
La evolución de la Semana Santa logroñesa durante la transición de los años 70 a los 80 estuvo marcada por la crisis y el posterior intento de revitalización de una de sus tradiciones más arraigadas: la Procesión de los Siete Dolores de María.
Hacia 1980, tras un análisis exhaustivo de la procesión, se constató que la misma, saliente de la parroquia de Santiago el Real, se encontraba en una situación crítica. A pesar ser una tradición decimonónica, la participación de fieles era escasa y el interés cofrade prácticamente nulo. Entre 1977 y 1980, se intentó dinamizar el acto mediante la incorporación de secciones instrumentales, contando con la colaboración de las bandas de la Cofradía de Jesús Nazareno, entonces con sección de viento, y de la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro (germen de la futura banda de la Entrada de Jesús en Jerusalén). Ambas agrupaciones compartían entonces lugar de ensayo, en el antiguo colegio Navarrete el Mudo, actual aparcamiento del Revellín
A finales de los años setenta, se iniciaron conversaciones
para fusionar la Cofradía de los Dolores con la del Nazareno, ambas con sede en
Santiago. Sin embargo, las negociaciones fracasaron debido a dos versiones
contrapuestas. Por un lado, la falta de receptividad y críticas hacia la
rigidez de la cofradía nazarena. Obstáculos económicos también aparecieron. La
imposibilidad de la hermandad nazarena de afrontar las elevadas inversiones
exigidas por la Junta Dolorosa. Ante este bloqueo, el párroco tomó una decisión
salomónica: encomendar la organización y revitalización del desfile a la
Cofradía de la Soledad (de la Redonda).
Bajo la nueva dirección, los años ochenta se caracterizaron
por la búsqueda de itinerarios que trascendieran los límites de la parroquia de
Santiago para adentrarse en el corazón del Casco Antiguo. En 1981 el recorrido
alcanzó la parroquia de Palacio y la Concatedral de La Redonda. Al año
siguiente,1982, se incorporó la Cofradía de María Magdalena, portando el
"paso pequeño", imagen que se encuentra en la Capilla de los Ángeles de la Concatedral.
El año 1981 destaca especialmente por la convocatoria masiva
de bandas. Por primera vez, las cuatro secciones de tambores y cornetas, los
que tenían, de la ciudad —Nazareno, Siete Palabras, Entrada de Jesús en
Jerusalén y Flagelación— escoltaron la imagen.
No obstante, la crónica de la época (publicada en La
Gaceta del Norte el 12 de abril) calificó el evento como agridulce. Si bien
la afluencia de público femenino fue notable y la iniciativa de recorrer calles
como Ruavieja, Mayor o Barriocepo se consideró acertada, la ejecución técnica
falló: "Hubo demasiada desorganización y un ruido excesivo. El estrépito
de las cuatro secciones de tambores impidió que los fieles escucharan el rezo
de las estaciones, provocando el abandono de parte del público. La iniciativa
es buena, pero requiere mejorar el orden y buscar un horario más propenso al
recogimiento".
Este exceso acústico provocó que, en 1982, la participación
se redujera drásticamente a solo dos bandas (Nazarena y Escolapia), marcando el
inicio de una nueva etapa de ajustes que forman ya parte de otra historia.

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