CUARESMA 2026

Transcurridos veintiún días desde que el postrer golpe de horquilla clausurara el ciclo pasional en la capital riojana, sobreviene el momento ineludible del balance. Nos hallamos ante el cierre de un largo período —extendido a ocho años por las circunstancias del calendario- gestionado por la actual Junta de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de Logroño. Este periodo, lo suficientemente dilatado como para imprimir una impronta propia, exige un análisis que trascienda lo meramente hagiográfico para adentrarse en la necesaria autocrítica, virtud harto infrecuente en un universo donde la pulsión emocional suele eclipsar al rigor analítico.

La génesis de este periodo cuaresmal estuvo marcada, como es preceptivo, por la presentación del cartel anunciador. En un panorama nacional donde la cartelería cofrade se anticipa casi de forma compulsiva desde el mes de octubre, Logroño mantuvo sus tiempos. Tras la efervescencia polémica del ejercicio anterior, la obra de este 2026 ha gozado de una acogida más benevolente, refrendando el aserto de la diversidad de criterios estéticos.

No obstante, en el ámbito de las publicaciones, persiste cierta sensación de repetición. La revista oficial, si bien digna, parece anclada en una fórmula que demanda una renovación de contenidos. No se trata de llegar a la calidad de Nazarenos (@revistanazarenos) o La Pasión de Valladolid (@LaPasiondeValladolid). Resulta llamativo que efemérides de calado no hayan encontrado un eco más profundo en sus páginas:

  • El vigésimo quinto aniversario de la Banda del Descendimiento.
  • Las Bodas de Plata de la Procesión del Silencio y Dolor de María Magdalena.
  • Los sesenta años de magisterio rítmico de la banda de tambores de las Siete Palabras y el Silencio.

Pese a cierto anquilosamiento estructural, la Cuaresma logroñesa manifiesta signos de una evolución orgánica. La proliferación de actos de carácter filantrópico-solidario —ensayos y pinchos solidarios auspiciados ya por cuatro cofradías— y la integración de elementos de la cultura autóctona, como la cata de vino, sugieren un intento de apertura hacia la sociedad civil.

Mención especial merece el evento Sentimos la Pasión, desarrollado en colaboración con la cofradía nazarena y la asociación Asprodema. La celebración de un nuevo triduo dedicado a Jesús Nazareno, con el descenso de la imagen para su veneración cercana, representa un acierto en la recuperación de la cercanía devocional, sumándose a la ya consolidada solemnidad del Triduo de la Piedad.

Una de las innovaciones de este ejercicio ha sido la organización de charlas cuaresmales en la nueva sede canónica. Sin embargo, este avance formal reabre un interrogante persistente: la homogeneidad de las voces que articulan el discurso pasional. El hecho de que tanto las charlas como el pregón —asumido este último por la máxima autoridad diocesana— o el ferviorín del Encuentro- realizado por la máxima autoridad eclesiástica cofrade- recaigan en estamentos estrictamente eclesiásticos, plantea la duda de si la ciudad carece de voces laicas y cofrades capaces de ofrecer una exégesis alternativa de la Pasión.

Este fenómeno nos devuelve al eterno debate entre el culto interno y la manifestación externa, el templo y la calle. Es una dialéctica que parece no hallar síntesis, debido quizá a una falta de preparación o de voluntad por parte de los tres pilares del mundo cofrade: la jerarquía, los hermanos y la feligresía.

Resulta digno de análisis el hiperbolismo musical que ha caracterizado estas semanas, con una saturación de actuaciones concentradas en un reducido número de corporaciones, lo que arroja un promedio de un concierto cada cuatro jornadas. Asimismo, la proyección exterior de nuestra Semana Santa en ciudades de gran tradición, como Salamanca, marca una línea de expansión institucional reseñable, aunque, según las imágenes mostradas, poco afortunada en la respuesta recibida de la capital charra.

Finalmente, la proliferación de traslados —que por su envergadura adquieren ya la categoría de procesiones— invita a una reflexión logística, especialmente en lo relativo a la imagen del Cautivo, que salió para volver a hacerlo dos semanas después. Estas dinámicas, íntimamente ligadas a la nueva configuración que supone la sede canónica de la Hermandad y el asentamiento de las nuevas cofradías, serán, sin duda, el epicentro de los debates venideros en el seno del Logroño semanasantero.

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