CUARESMA 2026
Transcurridos veintiún días desde que el postrer golpe de
horquilla clausurara el ciclo pasional en la capital riojana, sobreviene el
momento ineludible del balance. Nos hallamos ante el cierre de un largo período
—extendido a ocho años por las circunstancias del calendario- gestionado por la
actual Junta de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de Logroño. Este
periodo, lo suficientemente dilatado como para imprimir una impronta propia,
exige un análisis que trascienda lo meramente hagiográfico para adentrarse en
la necesaria autocrítica, virtud harto infrecuente en un universo donde la
pulsión emocional suele eclipsar al rigor analítico.
No obstante, en el ámbito de las publicaciones, persiste cierta sensación de repetición. La revista oficial, si bien digna, parece anclada en una fórmula que demanda una renovación de contenidos. No se trata de llegar a la calidad de Nazarenos (@revistanazarenos) o La Pasión de Valladolid (@LaPasiondeValladolid). Resulta llamativo que efemérides de calado no hayan encontrado un eco más profundo en sus páginas:
- El
vigésimo quinto aniversario de la Banda del Descendimiento.
- Las
Bodas de Plata de la Procesión del Silencio y Dolor de María Magdalena.
- Los
sesenta años de magisterio rítmico de la banda de tambores de las Siete
Palabras y el Silencio.
Pese a cierto anquilosamiento estructural, la Cuaresma
logroñesa manifiesta signos de una evolución orgánica. La proliferación de
actos de carácter filantrópico-solidario —ensayos y pinchos solidarios
auspiciados ya por cuatro cofradías— y la integración de elementos de la
cultura autóctona, como la cata de vino, sugieren un intento de apertura hacia
la sociedad civil.
Mención especial merece el evento Sentimos la Pasión,
desarrollado en colaboración con la cofradía nazarena y la asociación
Asprodema. La celebración de un nuevo triduo dedicado a Jesús Nazareno, con el
descenso de la imagen para su veneración cercana, representa un acierto en la
recuperación de la cercanía devocional, sumándose a la ya consolidada
solemnidad del Triduo de la Piedad.
Una de las innovaciones de este ejercicio ha sido la
organización de charlas cuaresmales en la nueva sede canónica. Sin embargo,
este avance formal reabre un interrogante persistente: la homogeneidad de las
voces que articulan el discurso pasional. El hecho de que tanto las charlas
como el pregón —asumido este último por la máxima autoridad diocesana— o el ferviorín del Encuentro- realizado por la máxima autoridad eclesiástica cofrade- recaigan en estamentos estrictamente eclesiásticos, plantea la duda de si la
ciudad carece de voces laicas y cofrades capaces de ofrecer una exégesis alternativa
de la Pasión.
Este fenómeno nos devuelve al eterno debate entre el culto
interno y la manifestación externa, el templo y la calle. Es una dialéctica que
parece no hallar síntesis, debido quizá a una falta de preparación o de
voluntad por parte de los tres pilares del mundo cofrade: la jerarquía, los
hermanos y la feligresía.
Resulta digno de análisis el hiperbolismo musical que ha
caracterizado estas semanas, con una saturación de actuaciones concentradas en
un reducido número de corporaciones, lo que arroja un promedio de un concierto
cada cuatro jornadas. Asimismo, la proyección exterior de nuestra Semana Santa
en ciudades de gran tradición, como Salamanca, marca una línea de expansión
institucional reseñable, aunque, según las imágenes mostradas, poco afortunada
en la respuesta recibida de la capital charra.
Finalmente, la proliferación de traslados —que por su
envergadura adquieren ya la categoría de procesiones— invita a una reflexión
logística, especialmente en lo relativo a la imagen del Cautivo, que salió para
volver a hacerlo dos semanas después. Estas dinámicas, íntimamente ligadas a la
nueva configuración que supone la sede canónica de la Hermandad y el
asentamiento de las nuevas cofradías, serán, sin duda, el epicentro de los
debates venideros en el seno del Logroño semanasantero.

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