LA DEVOCIÓN ¿CREACIÓN O
REALIDAD?
Resulta sorprendente la celeridad con la que se han
gestionado las imágenes titulares. La asociación de inspiración ignaciana, tras
apenas un año de existencia, ha formalizado ya el encargo del grupo escultórico, formado por Cristo y Judas, al imaginero andaluz Daniel Herrera Herrera.
Esta premura contrasta con la realidad de otras latitudes de arraigada
tradición, donde la adquisición de una talla suele dilatarse pudiendo llegar a varios
lustros. Más llamativo resulta, si cabe, el anuncio de su posible primera
salida procesional, prevista para el Domingo de
Ramos de 2027, por la tarde, en su quiñón parroquial.
Por su parte, la asociación radicada en Santa Teresita ha
seguido un proceder inverso: tras la llegada de la imagen de María Santísima
del Amor, se ha procedido a formalizar la estructura asociativa en este año
2026. Permanece la incertidumbre sobre su primera manifestación de culto
público. En los círculos de opinión cofrade se especula si su integración se
producirá durante la Semana Santa o si, por el contrario, responde al diseño del
magno Encuentro de Domingo de Resurrección; iniciativa que parece gestarse
desde instancias diocesanas de forma artificial y, aparentemente, al margen del
sentir de la mayoría del cuerpo de cofrades.
Quien suscribe, con una dilatada trayectoria en el ámbito
pasionista de la capital riojana, contempla con perplejidad cómo, tras tres
décadas de relativo inmovilismo, emergen estas «precofradías» dotadas de
patrimonio pero, paradójicamente, carentes de una base social sólida. Cabe
preguntarse: ¿Dónde se halla el capital humano, los cofrades, necesario para
sustentar estos proyectos?
Si tomamos como referencia el modelo hispalense, observamos
que hermandades como Pasión y Muerte o Bendición y Esperanza
requirieron de un proceso de maduración de décadas —desde su origen como grupos
de oración hasta su erección canónica— para consolidar su devoción y su cuerpo
de hermanos. En Logroño, la realidad nos advierte de una vulnerabilidad
logística: la salida procesional de El Cautivo el Lunes Santo es posible
únicamente gracias a la concurrencia de costaleros de diversas cofradías logroñesas.
Esta interdependencia, aunque funcional en el presente, podría devenir en
conflictos estructurales que afecten tanto a la propia cofradía como al
conjunto de la Semana Santa logroñesa.
La cuestión subyacente es si nos hallamos ante un auténtico
fenómeno devocional o si, por el contrario, se está anteponiendo la estructura
jurídica y el aparato externo al sentimiento religioso. Como señalaba Víctor
Codina al referirse a la piedad mariana, existe el riesgo de que la figura de
María sea manipulada o reducida a un modelo de sumisión y silencio. Es
imperativo reflexionar si el cofrade logroñés está adoptando ese rol silente
mientras, desde elementos ajenos a la religiosidad popular, se diseña una
Semana Santa que ignora su protagonismo. Sin los cofrades —el brazo más vital y
visible del triduo pascual—, la manifestación de fe en la calle está abocada a
la desaparición.
Siguiendo la tesis de Isidoro Moreno, la Semana Santa
trasciende lo religioso para configurarse como un fenómeno cultural, económico
e identitario donde deben converger tradición y modernidad. Acaso el camino no
consista en la «invención» o en la «imposición», sino en el respeto a los
tiempos y a la voluntad de quienes, con su fe y su esfuerzo, sostienen la
tradición, los cofrades.

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