TRADITIO VERSUS COPIA

 ¿QUO VADIS, IMITATOR? O EL DEVENIR DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR. ENTRE LA MERCANTILIZACIÓN Y LA PÉRDIDA DE IDENTIDAD.

Las cofradías y hermandades son reflejo de la sociedad y… van llegando modas que nos empujan a realizar cambios… unos estéticos y otros funcionales…(que) deben ser bien acogidos independientemente de gustos personales.



Recientemente, la prensa local destacaba una realidad innegable: La Rioja se configura hoy como una sociedad feminizada, envejecida y con una tendencia creciente hacia los hogares unipersonales. Este fenómeno no es una mera estadística, sino el reflejo de una transformación profunda que permea los estratos sociales, políticos, económicos y culturales. Como es natural, este devenir trasciende, también, a la esfera eclesial, afectando tanto a su estructura institucional como a la realidad del "pueblo de Dios", ese núcleo que, siendo ajeno a la oficialidad, constituye la base fundamental de su existencia. El propósito de estas líneas no es suscitar un conflicto ni establecer una dialéctica de vencedores y vencidos; se trata, por el contrario, de alcanzar una toma de conciencia sobre la naturaleza de nuestras acciones.

A lo largo del presente ciclo, se ha subrayado la relevancia de los ritos en la arquitectura de la sociedad. Aludiendo a la tesis de Byung-Chul Han en La desaparición de los rituales, recordamos que estos actúan como elementos de cohesión social. No obstante, cuando la sociedad supedita sus objetivos a la producción, el rito, la procesión en este caso, se desvanece, relegando al individuo a un narcisismo que le priva de la comprensión del significado profundo de la celebración.

Esta lógica productivista se manifiesta en la actual tendencia a monetizar la Semana Santa, emulando modelos de otras latitudes nacionales. Resulta pertinente cuestionar cuál es el impacto económico real de las celebraciones pasionales en Logroño y La Rioja. Si bien en ciudades como Sevilla los beneficios alcanzan cifras ingentes —erigiéndose en un motor económico primordial—, en nuestra región impera la incertidumbre al respecto. ¿Poseen las instituciones públicas o, por ejemplo, la FER, o la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, datos fidedignos? Es paradójico que se abogue por esta rentabilidad cuando, en múltiples ocasiones, el gasto derivado no revierte en el tejido local, sino que se externaliza, contraviniendo la esencia misma del ritual en favor de una producción vacua.

Un factor coadyuvante en esta metamorfosis es la denominada "absolutización de la afectividad" o emotivismo, fenómeno advertido por la Conferencia Episcopal Española en su documento Cor ad cor loquitur. El sujeto postmoderno parece haber transitado del logos a la emoción, sustituyendo el pensamiento racional por un sentir efímero que no logra abarcar la totalidad de la experiencia humana. Esta corriente está erosionando los cimientos del mundo cofrade, desvirtuando tanto el legado histórico como las nuevas estructuras que se pretenden erigir.

Asimismo, siguiendo el pensamiento de Isidoro Moreno, la realidad cofrade debe ser vehículo de identidad colectiva donde el individuo renuncia a su singularidad sin anularla, sintiéndose parte de un todo representado. No obstante, asistimos a una adopción acrítica de modas foráneas bajo el pretexto de la modernización. Se ven intentos forzosos de asunción de si una tendencia es global, su idoneidad es incuestionable, forzando la aceptación de cambios que desplazan la tradición local por el injerto cultural-cofrade ajeno.

Desde hace años, observamos intervenciones que, lejos de sublimar la Semana Santa local, importan modelos extraños a la propia idiosincrasia. Las modificaciones estéticas y funcionales son palmarias; la sustitución de la carga a varal por sistemas interiores, estilo jerezano, sevillano, zamorano, salmantino o medinense por nombrar algunos; la alteración de la disposición de las cofradías y la diferente ocupación del espacio procesional; el desplazamiento de las presidencias y el abandono de la túnica de penitencia por parte de los Hermanos Mayores en favor del traje civil.

Cabe preguntarse cuál es el fin último de estas mutaciones. Si la innovación se reduce a una copia vulgar de modelos externos, difícilmente se superará al original. La verdadera excelencia no reside en la mímesis, sino en el cultivo de una identidad propia que, puesta al servicio de la razón y la fe, transforme y actualice al tiempo actual, el tejido cofrade de nuestra sociedad.

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