UNA NUEVA OPORTUNIDAD
Ha pasado casi un año desde el lejano 20 de marzo de 2025,
cuando se colgó la última entrada en este blog. Se analizaba el cartel de
nuestra Semana Santa del pasado año. Todo lo escrito y preparado para la
Cuaresma y Semana Santa, quedó en el tintero. Ya ni verá la luz. ¿Razones?
Varias, que no merece la pena comentarlas.
Otro aspecto fue el cansancio y, sobre todo, la profunda
reflexión, desde diferentes puntos de vista, sobre un tema que, algunos,
consideramos importante. Simple. Nuestra Semana Santa, la logroñesa, camina
cuesta abajo hace muchos, muchos años. Y, lo peor, es que parece dar igual. No
importamos en nuestra Diócesis, tampoco a las diversas Juntas de Gobierno que
ha tenido la Hermandad de Cofradías; lo mismo a las de algunas las cofradías.
Dios proveerá, nos decían cuándo, siendo niños, preguntábamos si se iba a salir
a la calle, si seguirían las procesiones, al año siguiente. Lo real y que sigue
presente, es que continuamos teniendo los mismos problemas que hace cincuenta y
sesenta años. Como si no pasara el tiempo. Eso sí, permítaseme la ironía,
siendo de Interés Turístico Nacional; casi ná, que diría un castizo.
Dejemos que se arreglen cosas serias por inspiración divina, ya
que, por las ¿soluciones? aportadas, estamos seguros, no va a ser. Por ejemplo,
la procesión del Encuentro. El que crea que se arreglará con una banda de
música o adelantándola una hora, realmente vive en una realidad paralela. Otro
ejemplo, el paso del Resucitado. O, yendo más allá, el tema de la parroquia de
Santa Teresita, donde los parroquianos “de toda la vida” no saben nada, no
entienden nada y comienzan a estar hasta donde uno se puede imaginar de la
situación real. Decía una, “¿y para esto nos hemos dejado la piel durante años?
“
Visto lo visto, se cambia el tercio y se empieza otra etapa.
En esta Cuaresma, semanalmente, se colgarán reseñas de libros; libros de Semana
Santa, de arte, de antropología, etc. De todo aquello que tiene que ver con la
celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la calle. Llegados
los días importantes, se rememorará, desde los recuerdos y las notas de prensa,
la Semana Santa que algunos comenzamos a vivir ya hace unos cuantos lustros.
Porque, no olvidemos, si desconocemos nuestro pasado, malamente, vamos a saber
crear un futuro. Por cierto, seguimos investigando sobre la Semana Santa
logroñesa, esa gran olvidada, por muchos de sus “teóricos” protagonistas.
Portada de la Revista
Bética, donde apareció un artículo controvertido, titulado: ENTRE LA POSMODERNIDAD Y EL HOMOEROTISMO:
LA IMAGINERÍA PROCESIONAL DEL SIGLO XXI Y EL NEOBARROCO GAY

Entiendo perfectamente el sentir que transmite con su entrada porque no es crítica fácil, sino desde la preocupación sincera y el cariño hacia una tradición que forma parte de la identidad de muchas personas. Cuando algo que se quiere tanto parece estancarse, repetirse año tras año sin soluciones reales, el cansancio no solo es comprensible, sino inevitable.
ResponderEliminarLa reflexión que se plantea no es nueva y precisamente ahí radica el problema. Llevamos años arrastrando las mismas dificultades sin que se perciba una voluntad clara de afrontarlas con decisión. Se habla de pequeños cambios, de ajustes superficiales pero no de un replanteamiento serio que ataque el fondo de la cuestión. Y mientras tanto, quienes han dedicado tiempo, esfuerzo y compromiso sienten que su trabajo no se ve correspondido ni valorado.
También es lógico que duela esa sensación de indiferencia por parte de quienes deberían implicarse más activamente. Cuando una realidad como la Semana Santa logroñesa, con todo su peso histórico y cultural, parece no ser prioritaria para Diócesis, instituciones o responsables, se genera una frustración difícil de ignorar. No es solo una cuestión organizativa, es una cuestión de respeto hacia quienes la sostienen año tras año.
Los ejemplos que se mencionan reflejan precisamente eso: soluciones que parecen parches ante problemas estructurales. Pensar que todo se resolverá con pequeños cambios puntuales puede dar la impresión de que no se está entendiendo la magnitud de la situación. Y eso, lejos de animar, desmotiva aún más.
Por otro lado, el testimonio de quienes han vivido y trabajado durante años en estas realidades, como el caso de Santa Teresita, aporta una perspectiva muy valiosa. Cuando las personas que han sostenido una parroquia, empiezan a sentirse perdidas o ignoradas, es una señal clara de que algo no se está haciendo bien.
Me alegro de su regreso al blog, un lugar que invita a reflexionar que aporta análisis y que ayuda a comprender mejor todo este mundo, es sin duda una buena noticia. Porque si algo hace falta en momentos así, es precisamente esto: pensamiento, diálogo y compromiso.
Celebro su regreso porque significa recuperar una mirada que no se conforma, que cuestiona y que, en el fondo, busca lo mejor para una tradición que merece mucho más de lo que está recibiendo.
Un saludo y mucho ánimo.