IMAGINEROS DEL SIGLO XXI.
Productos barrocos en entornos 2.0
Antonio Rafael Fernández Paradas
Editorial Comares, Granada, 2017.
El texto disecciona con agudeza cómo la imaginería del siglo
XXI, lejos de buscar un lenguaje propio que dialogue con la modernidad, se ha
recluido en un neobarroco mimético. Esta "involución", como bien
apunta el autor, no es una mera herencia, sino una resistencia activa al cambio
que anquilosa la disciplina.
Resulta especialmente audaz la mención a las nuevas
tendencias que rompen el canon tradicional desde los márgenes. El hiperrealismo
aparece como una búsqueda de la verosimilitud que a veces cae en el exceso,
alejándose de la unción sagrada. La irrupción del "neobarroco gay" o
el homoerotismo en la talla procesional revela una apropiación del lenguaje
barroco por colectivos que buscan proyectar su identidad en la figura del
mártir o el asceta, dotando a la madera de una carga sensual contemporánea.
Uno de los puntos más punzantes es la denuncia del abandono
institucional de la Historia del Arte. Ante
la ausencia de una crítica académica rigurosa que valide o devalúe las obras,
el juicio estético ha quedado desplazado a la "blogosfera" y las
redes sociales. Esto ha propiciado el auge del imaginero autodidacta, donde la
pericia técnica se valora por encima del trasfondo intelectual o la innovación
formal. Indica que “… como los historiadores del arte no dignificamos
nuestra disciplina, cualquiera puede hablar de arte … las redes sociales, los
foros de debate y los blog son a día de hoy los únicos medios para encontrar
críticas… Si los historiadores del arte asumieran el papel que les compete, y
realizaran críticas y estudios de las piezas actuales del arte de la
imaginería, muchos de los que actualmente sé autodenominan escultores, se lo
pensarían dos veces” (pág. 14)
Como conclusión, podemos decir que el libro parece ser un toque de atención necesario. La digitalización, aunque herramienta útil para la conservación, corre el riesgo de convertir la imaginería en una industria de "copia y pega" si no se acompaña de una evolución conceptual. La Semana Santa, en su "conectivismo" actual, es un nodo de información constante, pero el autor nos advierte que corremos el riesgo de ganar en visibilidad lo que estamos perdiendo en profundidad espiritual y artística.
Finalmente, se podría plantear la siguiente pregunta; ¿consideras
que esta "sevillanización" o homogeneización de la estética cofrade
es un proceso irreversible, o crees que las nuevas tendencias (hiperrealismo,
nuevos lenguajes) lograrán fracturar ese canon neobarroco?

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