JUEVES SANTO
DE LAS SIETE PALABRAS
AL SIGLO XXI
Desde 1966, el Jueves Santo en Logroño se hallaba
indisolublemente ligado a la presencia de los Escolapios. En aquel entonces, la
cofradía de las Siete Palabras protagonizaba la jornada de forma exclusiva;
inicialmente, portando un crucificado de la capilla colegial y, a partir de
1970, procesionando la egregia talla de Vicente Ochoa, que recibe culto en la
sede de dicha institución educativa. Resultaba singular el hecho de que esta
fuera la única hermandad que no se integraba en la Hermandad de la Pasión y el
Santo Entierro. Era un día de obligada concurrencia, atraída especialmente por
su banda de tambores, cuya excelencia era entonces incontestable en la ciudad.

La jornada invitaba al periplo por los templos que
custodiaban los pasos. Era preceptivo acudir a la Concatedral de La Redonda,
concretamente a la Capilla de los Ángeles, donde aguardaba ya dispuesta la
Virgen de la Soledad —distinta de la Dolorosa—, ataviada con su manto y palio
para la procesión del Santo Entierro. El recorrido incluía la visita al
Sepulcro y, de manera inevitable, a la imagen de la Magdalena, considerada por
aquel entonces, injustamente, como una de las piezas menos favorecidas del
ciclo pasional logroñés. En ocasiones, de forma casi fortuita, se sumaban al
escenario la Oración en el Huerto —antes de su vinculación a la Entrada— o la
Piedad, la cual llegamos a portar algunos fieles en su traslado desde Palacio
hasta La Redonda.
El año 1985 supuso una ruptura en la tradición del Jueves
Santo. La Cofradía de la Entrada de Jesús decidió procesionar esa tarde al
Cristo de los Enfermos, imagen que recibía y recibe culto en la parroquia de
los Carmelitas. Pese a la reticencia de la hermandad escolapia y de otros
sectores del ámbito cofrade, la imagen salió finalmente a las calles, escoltada
aquel año por el Nazareno Viejo sobre sus antiguas andas. Como nota histórica,
la cofradía partió de la Iglesia de Santiago a las cinco de la tarde con
destino a Carmelitas; ante la amenaza de una leve llovizna, el paso hubo de
refugiarse en un pasaje cercano antes de reincorporarse al cortejo. La llegada
a la sede canónica del Nazareno no se produjo hasta la una de la madrugada,
siendo aquel el único año en que se realizó tal acompañamiento.

En 2005, con motivo del centenario de la antigua imagen
titular, se celebró una procesión extraordinaria. Para tal efeméride se
estrenaron andas y se presentó al Nazareno tras una profunda restauración que
incluyó la limpieza de policromía en rostro y extremidades, así como la
sustitución de su deteriorado armazón. Aquella salida procesional se consolidó
en el calendario pasional y, tras diversos ajustes, derivó en el itinerario
actual, donde se conmemoran las Tres Caídas de Jesús en su ascenso al Calvario.
Paradójicamente, el Jueves Santo logroñés ha evolucionado
hasta convertirse en la jornada con mayor actividad procesional, contando con
cuatro cofradías. Esta convivencia armónica ha desmentido, por la vía de los
hechos, los antiguos vaticinios que consideraban inviable tal concurrencia en
las calles de la capital riojana.
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